Las Parcas: El Destino o Fatum

Es curioso como a día de hoy nos conmueve cuando escuchamos la palabra «El Destino» sobre todo para referirse a una fuerza que actuaría sobre una serie de acontecimientos independientemente de la voluntad humana. Y es que no es para menos, la concepción mitológica para explicarlo es sobrecogedora. Si nos remontamos a la antigua Grecia, ya la creencia en «el Destino» es determinante sobre el desenlace de una sociedad que basaba sus creencias firmemente en los mitos desarrollados a partir de interpretaciones astrológicas, que junto con oráculos y el nacimiento del pensamiento filosófico basado en ideas «preconcebidas», cimentaron la forma de creer, sentir y pensar de una civilización que si bien estaba abocada a desaparecer dejaría un tan ineludible como profundo poso para el desarrollo de generaciones posteriores.
Fueron tres las diosas que en la mitología griega personificaban al Fatum: Clotos, Láquesis y Atropos. Hijas de la diosa primogenia «Nix» o «la noche» que tenía capacidad para engendrarse a sí misma; generalmente se las representaba en forma de hilanderas, de presencia imperturbable ataviadas en sus túnicas blancas infundían un gran respeto y pavor a todos los seres incluidos los dioses. Tal era su poder, que hasta el propio Zeus estaba sometido a sus designios.De ellas dependía el contexto del nacimiento: características físicas, la familia, las condiciones de la vida con sus momentos de tristeza así como de alegría, fortuna y desgracias, longitud y calidad de la vida; inexorable el corte del hilo de la vida que «la parca» dará con sus tijeras de oro en algún punto simbolizando el deceso del individuo independientemente de su casta, raza, edad, logros, o deshonra adquiridos.
Es un hecho fácil de constatar, que el lugar donde nacemos, así como las experiencias tempranas con la familia, junto con la carga genética que ya nos viene dada, sin que podamos ejercer nuestra voluntad para cambiar ninguno de estos factores, determinaran en gran medida un vínculo con la experiencia que será nuestra vida, ¿o acaso no dependen nuestras voluntades, nuestras decisiones, nuestros anhelos, nuestros pensamientos de un interactuar entre las capacidades físicas, psicológicas y espirituales de nuestro ser con el entorno?. No podemos obviar que formamos parte de un macrosistema: el sistema solar, donde nuestra nave es un planeta que llamamos «la tierra» con una órbita «predeterminada» alrededor del sol en ciclos; que si bien no viajamos en esta nave al libre albedrío de forma desordenada, podemos comprender cómo formamos parte de un sistema universal donde tanto sus planetas como sus trayectorias tienden a la armonía perfecta del «círculo» (geometría sagrada). Es aquí donde la astrología nos ayuda a entender como se configura la naturaleza de nuestra energía y con qué experiencias de vida nos conectará en mayor o menor medida; ¿serían las vibraciones de las esferas que son nuestros planetas junto con las estrellas de las constelaciones de la elíptica,en un complejo sistema de engranaje divino, las encargadas de depurar nuestra energía para así poder elevarla a un mayor plano de belleza y perfección?, sería como dice el dicho popular: ¿hay quien nace con estrella y quien nace estrellado?. Decir tiene, que la astrología a pesar de la persecución que ha sufrido a lo largo de la historia lejos de quedar arrinconada sigue mas viva que nunca; que si bien la ciencia y la espiritualidad cada vez irán mas de la mano en esta nueva Era de Acuario, seguiremos buscando respuestas en las estrellas.